1. Ritual de apertura: El encuentro con la sabiduría del bosque_Bárbara Gómez
  2. Pudo ser en ese bosque_Paulina Quiroz
  3. Nature Without Borders (My Body My Nature)_ Cynthia fusillo
  4. La Flora y La Fauna de La Isla Encantada _ Julia Cella
  5. Hierbas Silvestres_ Laia Noal
  6. Lo que permanece_Ana Laura Perez
  7. Second Skin_Martina Orska
  8. Podríamos ser árbol_Sandra Alonso
  9. Constelaciones_Roshni  Kavate
  10. DAPHNE_performance colectivo
  11. Nuestra casa es el suelo, lechuza-humana_Esther Elena Pea
  12. La Loba_Liliana Díaz, Luisa Moor, Pia Glassworks, Martha Bohne, Ander Vallejo & Alima
  13. ¿Donde empieza YO?_ Betiana Barros & Alle Dowska
  14. Apéndice_Alejandra Ruíz
  15. Transcripción#2.mp3_Aurembiaix Ainsa
  16. Esencia en forma_Alle Dowska
  17. Wallen Garden_Nicole Vindel
  18. El vacío es concavo?_ Alejandra Alarcón
  19. De: la raíz_Sara Párquez & Romi Sanzel
  20. Para escucharte mejor_Beatrice Simoncini
  21. Mapa Semilla_Constanza Kaye
  22. Guardianes_Carolina Monterrubio
  23. Rezo al fuego_Elda Isavelina Ortiz
  24. Abismo I, 2024_Tania Croda
  25. Traje de honor, La Loba_Luisa Moor





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“...El camino del verdadero crecimiento social y cultural está ahí: en colaborar.”





Fundado por la artista mexicana Liliana Díaz en el año 2021, es un proyecto que busca generar una serie de encuentros 
en torno a la mesa para que otras mujeres creativas y personas que se identifican como mujeres, se conozcan. Creando así, espacios seguros e íntimos para poder mostrar su trabajo, intercambiar, comer, beber, reír, soñar, crecer y compartir rodeadas de otros seres creatives . La intención es tejer una red de talentos para crear proyectos e incentivar colaboraciones. Se han realizado ya 15 ediciones entre Ciudad de México, Barcelona y Tenerife.

Se realizan actividades en comunidad como visitar estudios y galerías juntas.

En el 2023 se inauguró su primera exposición itinerante en comunión con el paisaje  “Puede ser en el mar” y ahora en el 2024 la segunda muestra “Puede ser en el Bosque” con más de 30 artistas mujeres involucradas de distintas nacionalidades.

Estas propuestas constan en salir del cubo blanco, para que diversas artistas puedan exponer obra inspirada en el territorio. Una oportunidad de trabajar al aire libre colaborando con el paisaje como espacio expositivo con la intención de dialogar y trabajar en comunión con la naturaleza.

Con esta muestra, cuestionamos nuestras perspectivas dominantes sobre la naturaleza e indagamos en las posibilidades de generar prácticas que permitan conectar al territorio, desmantelando nuestra relación con el resto de las especies, para articularlo desde un lugar más sostenible al abrir diálogos por medio del arte. Creando una relación del arte con el sitio en el que se sitúa.

Un reto a la curaduría y montaje al salirse del formato convencional. Una invitación al espectador a encontrarse con obra en un formato casi fantástico, bajo la premisa de que el arte en lugar de construir fronteras, las vuelva cada vez más difusas hasta el punto en que desaparezcan.

Foto por Beatrice Dubois



“Puede ser en el Bosque”



Texto por Lucía Ramos


Más de cien personas aparecen una mañana de sábado en el bosque de Teià. Se reúnen allí, a las afueras de Barcelona, sin saber muy bien qué se van a encontrar. Es Liliana Díaz, artista multidisciplinar, quien les convoca. Ella quiere mantener el misterio, y en la convocatoria solo explica que es una exposición en la naturaleza, fuera del “cubo blanco” de una galería o un museo. 


Sobre las 12.15, empieza la primera ruta. La primera obra es una meditación, la segunda una foto de un jabalí que se come el plástico que han dejado en el campo los turistas y la tercera varios pares de zapatos hechos de lavanda que nos invitan a pensar en el aquí y el ahora. Así hasta 25 obras (incluido el propio vestido que llevaba Lili, la curadora) venidas de todas partes del mundo. Durante algo más de dos horas, los visitantes van recorriendo el lugar descubriendo las piezas, algunas más visibles, otras más escondidas. “Cuando entras en un museo o en una galería ya vas predispuesto a entender algo, a sentir, aquí no”, explica Lili. Lo que pretende es que la gente se acerque de manera natural, sin saber siquiera que está ante la creación de una artista. Algo que consiguió en la edición anterior, Puede ser en el mar, durante la que vecinos se acercaban a la playa por curiosidad y sin ningún tipo de información previa, y que mantuvo el mismo espíritu esta vez, con Puede ser en el bosque. 


La premisa que Lili dio a las artistas era amplia: tenía que estar relacionado con el bosque, ya fuera con el cambio climático, con el Mediterráneo o con la propia relación de la artista con el bosque. Martina Orska, por ejemplo, creó un pequeño sepelio con cortezas del bosque, que representaban las pieles que ha ido dejando atrás. Su presentación fue uno de los varios momentos emotivos (cayó alguna lágrima) para artistas y espectadores. Para celebrar la vida y la paz de reconectar con una misma, Martina invitó a los presentes a chupitos típicos ecuatorianos. 


Las raíces familiares aparecieron en varias obras, como en la de Roshni Kavate, que expuso un altar con cardamomo, canela o curry, especias de su país, la India; o la de Sara Márquez y Romi Sanzel, que en dos manteles ofrecieron a los visitantes dulces y pastas de su hogar, Canarias. También hubo quien trató de traducir el secreto que guarda el bosque, como Lili, que en colaboración con otras cinco artistas, expuso su obra La loba. Su obra consistía en recorrer las piezas, beber el líquido que contenían y acercarse a un pequeño altavoz que desvelaba un secreto. “Siento tu abrazo”, era uno de los mensajes susurrados. 


Igualmente hubo una performance de todas las artistas presentes: una reinterpretación del mito de Dafne, que cuenta que la ninfa huyó de Apolo después de que este fuera tocado por la flecha del amor y quedara perdidamente enamorado de ella. Para evitar su acoso, Dafne es transformada en árbol. En la performance, titulada DAPHNE, las artistas se abrazaban, cogían de las manos, y acariciaban la cara, como muestra de que contra el maltrato sobre la naturaleza y la mujer, siempre nos quedará la sororidad. 


Para preservar ese cuidado a la naturaleza las artistas de Puede ser en el bosque se asesoraron de una investigadora forestal, que les explicó las problemáticas del bosque mediterráneo o los materiales que más contaminan y es mejor evitar. 


La comida el día de la exposición corrió a cargo de Fofo, un estudio culinario creativo, que se nutre de su propio huerto y cedió su espacio en el bosque para la exposición. 


Para preservar el cuidado entre las mujeres artistas, se reunieron varias veces durante las semanas previas a la exposición, se ayudaron entre todas en una relación horizontal, una red de sororidad en la que las inseguridades, los sentimientos y el síndrome del impostor de cada una se habla y se acompaña. Así ha funcionado desde el principio Diumengem, el proyecto matriz de estas exposiciones al aire libre. Lili tuvo la idea en 2021: hacer comidas los domingos (de ahí el nombre) en su casa, invitando a artistas que le inspiran. Allí cada una contaba en qué andaba investigando o cuáles eran sus miedos como artista mujer. Lili decidió compartir todo el talento que reunía en su casa y surgió la primera exposición, en “mi otro amor”: Puede ser en el mar, en julio de 2023 en la playa de Ocata. Y ya existe la idea de la siguiente muestra, que tendrá lugar en otro hábitat igualmente natural y onírico: “Puede ser en el cielo”, en 2026.